Hoy entendí por fin que el corazón es un camino sembrado de corazones.
Los escogemos por su tamaño, por sus destellos, por su peso, por sus salpicaduras, por sus cavidades, por sus tristezas largas, por sus arritmias, por sus lunas, por sus domingos
A veces es inevitable llevárselos al pecho para no pisotearlos y andar con todos ellos a la vez, como si fueran relojes que marcan distintas horas.
No son condecoraciones; no son piezas de colección. Son voces insepultas que nos gritan desde los subsuelos para que les digamos que las vemos, que las oímos, que su anónimo latir es algo para alguien. Nos jalan los cordones de los zapatos; nos dicen en su idioma de sístoles y diastoles que somos lo mismo, idénticos en doler, idénticos en latir, idénticos en vivir, idénticos en morir.
Realmente no me importa que estén llenos de lombrices ni que me manchen la camisa con sangre.
Son como todos los corazones: sólo quieren estar y ser lugares. Con eso les basta para continuar o desistir.
Si ves un corazón tratando de cruzar a saltos la calle y no encuentras a su dueño en ninguna parte, por lo menos déjalo en la orilla para que no lo aplasten los automóviles y los transeúntes. Es lo mínimo.
A ella le duelen las alas Él extravió los remos A ella le aterra volar Él nunca aprendió a nadar Y en el agua de sus ojos un cisne negro perfumado de olvido que en silencio y de noche bebe el calostro de las estrellas más madres les ofrece canjear vértebras por plumas cicatrices por alas
Y en la bruma se van se van remando con sus alas volando con sus remos
que alguien sin tú dibujó en el viento como adivinando algo hermoso y terrible
Para que nadie la olvide ni pueda quedarse en ella siempre está mudando de otoños y de miércoles
de gentes y de calles de héroes y de villanos Es como una piel que se arranca a sí misma para extenderse en la nada y resolverse al fin entre tatuaje y cicatriz entre madera y piedra De allí te traje esta flor no cortada que encontré a la orilla de una lágrima no vertida como bastando de pétalos las grietas del espejo
En cada gota de rocío un pájaro inconcluso se calza las alas y sigue llorando su vuelo ridículo En cada gota de rocío un pájaro asustado se mira al espejo entrega sus alas y camina en el viento
Cuántos rostros caben en tu rostro cuántas pieles en tu piel cuántos desiertos en tu paisaje cuánta verdad en tu espejo cuánto relámpago en tu cielo cuánta distancia en tu trayecto cuántas aceras en tu andar cuánto silencio en tu boca cuántas ventanas en tu amanecer cuántos llaveros en tu bolso cuántas líneas en las palmas de tus manos cuántas sueños en tu despertador cuántas patrias en tu destierro cuántos colores en tu mirar cuánto de mí en ti cuánto de ti en mí
Volver al agua de los nacimientos como un soplo que abraza a la circunferencia Volver a la membrana de todo lo sabido sin la incertidumbre de las adoraciones
Volver al agua de los nacimientos para ser bautizado por otras lágrimas con aquellos nombres que me dijiste en voz baja cuando cada latido dejaba una huella
Volver sin llanto ni ansiedad para lavarme estas manos sucias de memoria Volver desprovisto de astucia al ajetreo de un universo en gentil expansión
impedir a la luna/ revelar los secretos del rocío/para que nadie más sepa/que excepto tu nombre/ todas las palabras/son limosnas/son heridas/son ajenas/son heladas/son terribles/son muy feas/ y me quedan grandes
Alguien se arrojó esta mañana desde el noveno piso Alguien que también tuvo un deseo y una sombra Alguien de pasto y calendario con círculos en rojo Alguien de caligrafía y domingo de madre y abuelita
La brisa arrastra las hojas del periódico de ayer La brisa no sospecha que la tristeza forma coágulos ¿Qué querrán que no veamos? ¿Qué querrán que no sintamos?
¿Tendrán miedo a que un ángel escondido tras la puerta de la panadería de la esquina intente resucitación boca a boca lágrima a lágrima, ala a ala? Me alejo del sitio del suceso pensando que esos muertos son como besos recién dados a unos labios en el viento
Ella se ha puesto muy sensible Pronto le llegará la regla Yo también me siento extraño Pronto me llegará la escuadra Mejor Así la pasamos juntos Es la excusa perfecta para cama, chocolates y sopa de pollo con fideos
Cuántos rostros caben en tu rostro cuántas pieles en tu piel cuántos trenes en tus durmientes cuántos desiertos en tu soledad cuántos barcos en tu mar cuántas verdades en tu espejo cuántas nubes en tu cielo cuántas ventanas en tu amanecer cuántas lunas debajo de tu almohada cuántos rincones en tu rincón cuántas llaves en tu llavero cuántos presagios en las líneas de tus manos cuántos países en tu destierro cuántos mapas en tu territorio cuántas miradas en tu mirada cuántos delirios en tu cordura cuántas horas en tu reloj cuántos días en tu semana cuántas muertes en tu muerte cuántas vidas en tu vida
Y después de ser el sol y mucho más me vuelvo trébol de cuatro penumbras Es absurdo tratar de regresar a un lugar que ya no existe ¿Qué habrá entonces para después de la completitud?
No me quedo en el pasado pero no me trago este presente Soy feliz en el asombro Mi rabia es un signo vital No me pidan que haga cuenta que no sangra lo que sangra También es uno mismo el que grita y que se busca El mapa de la ausencia es un mapa del tesoro No me quedo en el pasado pero tampoco piso tumbas Detesto a los turistas de la vida o los lugares La memoria no es museo La memoria no es hueveo
Cuando habla la distancia calla el tiempo Cuando habla el tiempo calla la distancia A veces eres distancia A veces soy tiempo A veces eres tiempo A veces soy distancia Mejor hablemos Mejor callemos Mejor lloremos
"Habitación con Vistas", José Luis Gombela Gómez, España
Abrir una puerta es siempre un acto de fe Hay demasiadas puertas No caben tantas llaves en los bolsillos No me alcanza la fe Me recuesto en la otra orilla del silencio Abandono todo lo dado por cierto Arrojo todo lo sabido Me olvido de todo lo olvidado Exploro parajes irreales asumo no ser más que un simple pasajero que cree haber encontrado su lugar entre las delicadas nalgas de un sueño y en esa boca tuya que nunca termina de aflorar donde me dejo alimentar con los manjares de la inocencia Abrir una puerta ¿Qué puerta?
(A Ingrid por nada y por todo) No es tan triste lo de ahora como cuando ya no importe y se instale entre nosotros el silencio que asesina las ansias de vivir No es tan triste dar batallas como cuando simplemente por cansancio o cobardía se de por perdida la guerra y haya que disimular la muerte No es tan triste la ceguera como renunciar a la mirada y dejar que sea la fortuna quien decida si vivir en la piel o en el abismo No es tan triste Amor mío No es tan triste
que siempre sea abundante tu mirar que jamás te ofenda el desencanto que tu espejo sea justo y cariñoso que todos los calendarios tengan mil dieciséis de noviembre que nunca te atrape la conformidad que no te falten la piel las uñas las alas un destino incierto un amor un amar un quedar un quedarse