Impedir a la luna revelar los secretos del rocío para que nadie más sepa que salvo tu nombre todas las palabras son limosnas son ajenas son ásperas son frías son grandes son mudas y quedan muy lejos
Por qué hay que esperar la condición objetiva la liquidación de verano el fin de los tiempos la sandía calada el fallo de la Corte el discurso del jefe el día del níspero la mayoría de edad la opinión del reloj "El Mercurio" del domingo la resurrección de los muertos la temporada de playas y piscinas la devolución de impuestos la última cuota el corte de cinta las aguas más calmas el anticipo de los quince el desierto florido el siguiente capítulo el gol de Caszely las vacaciones de verano la bula papal la hora de colación la ley que permita
Por qué hay que esperar Por qué si tú estas aquí y sólo falta que bajes del cielo jugosa y demente alada y sonriente
Hay caminos que se llevan a cuestas y otros que nos buscan toda la vida Hay caminos que ni dios conoce y otros que es mejor ni tantear Hay caminos que se andan de a uno y caminos que se hacen de a más Hay caminos que son como ventanas Siempre están tristes por no dar a la mar Hay caminos que un día serán grandes alamedas Son caminos que yo nunca voy a dejar de andar Hay caminos de ida y caminos de vuelta Y nunca son el mismo camino Hay caminos que conducen a los sitios que soñamos Son caminos por donde los vientos regresan a desovar Hay caminos que nos ponen a andar y otros que nos andan por dentro Hay caminos que nos hacen volar y otros que se hacen casi sin querer Hay caminos que se nos cruzan en el camino Son terrestres caminos de polvo y muerte Hay caminos que van debajo de los caminos Son privados caminos que sólo andamos tú y yo
Hay caminos que no tienen nombre ni señales En el mío siempre se posa el rocío y nunca me pierdo Hay caminos tan sutiles que parecen ir directo a otros mundos Por esos caminos de brisa y de piel es que quiero andar yo Y todos estos caminos son el modo presente perfecto del verbo amar
Hay días en que las palabras me dejan esperando en una mesa del viejo "Café California" atestada de tazas, ceniceros cuadernos, ausencias Simplemente no llegan a la cita No quieren hacer más que jugar a las escondidas y brincar en los dinteles de las casas más añosas donde viven ancianas rodeadas de gatos siempre reacias a devolver las pelotas que los niños arrojan a sus ante jardines Son como muchachas mirándose en el espejo entre disconformes y extasiadas que luego salen corriendo para trepar árboles que nadie ha plantado Todo invita a permanecer en esa ambigua pulcritud del silencio y la distancia
donde los acróbatas tristes guardamos nuestros testamentos
Parece que hoy voy a necesitar un pañuelo que tenga más de cuatro esquinas para llorar y llorarme para llorar y llorarte
"La niña que miraba al infinito", Nicoletta, España
Una niña aun más triste que yo me llama desde la otra orilla de su silencio para hacerme pasar, sin hacer ruido a las deshabitadas casas de la noche Me siento junto a ella a esperar que su intacta cabellera vuelva a inaugurar mis manos Yo voy de inmediato no importa cuán lejos me encuentre porque ella es un sueño que el rocío dejó olvidado en mis ojos
Esa resaca sin mar con sus antes y sus después con su crueldad de niño y guijarro con su mala costumbre de robarnos el estar con su impecable victoria sobre la muerte con sus viceversas escritos en las sábanas es más cierta que cualquier confesión Ellos se dejan llevar por otro ser que es más que la suma de todos los seres Se destripan se niegan se inician se terminan se hacen Están condenados a morirse el uno al otro Están condenados a vivirse el uno al otro
Hoy entendí por fin que el corazón es un camino sembrado de corazones.
Los escogemos por su tamaño, por sus destellos, por su peso, por sus salpicaduras, por sus cavidades, por sus tristezas largas, por sus arritmias, por sus lunas, por sus domingos
A veces es inevitable llevárselos al pecho para no pisotearlos y andar con todos ellos a la vez, como si fueran relojes que marcan distintas horas.
No son condecoraciones; no son piezas de colección. Son voces insepultas que nos gritan desde los subsuelos para que les digamos que las vemos, que las oímos, que su anónimo latir es algo para alguien. Nos jalan los cordones de los zapatos; nos dicen en su idioma de sístoles y diastoles que somos lo mismo, idénticos en doler, idénticos en latir, idénticos en vivir, idénticos en morir.
Realmente no me importa que estén llenos de lombrices ni que me manchen la camisa con sangre.
Son como todos los corazones: sólo quieren estar y ser lugares. Con eso les basta para continuar o desistir.
Si ves un corazón tratando de cruzar a saltos la calle y no encuentras a su dueño en ninguna parte, por lo menos déjalo en la orilla para que no lo aplasten los automóviles y los transeúntes. Es lo mínimo.
A ella le duelen las alas Él extravió los remos A ella le aterra volar Él nunca aprendió a nadar Y en el agua de sus ojos un cisne negro perfumado de olvido que en silencio y de noche bebe el calostro de las estrellas más madres les ofrece canjear vértebras por plumas cicatrices por alas
Y en la bruma se van se van remando con sus alas volando con sus remos
que alguien sin tú dibujó en el viento como adivinando algo hermoso y terrible
Para que nadie la olvide ni pueda quedarse en ella siempre está mudando de otoños y de miércoles
de gentes y de calles de héroes y de villanos Es como una piel que se arranca a sí misma para extenderse en la nada y resolverse al fin entre tatuaje y cicatriz entre madera y piedra De allí te traje esta flor no cortada que encontré a la orilla de una lágrima no vertida como bastando de pétalos las grietas del espejo
En cada gota de rocío un pájaro inconcluso se calza las alas y sigue llorando su vuelo ridículo En cada gota de rocío un pájaro asustado se mira al espejo entrega sus alas y camina en el viento
Cuántos rostros caben en tu rostro cuántas pieles en tu piel cuántos desiertos en tu paisaje cuánta verdad en tu espejo cuánto relámpago en tu cielo cuánta distancia en tu trayecto cuántas aceras en tu andar cuánto silencio en tu boca cuántas ventanas en tu amanecer cuántos llaveros en tu bolso cuántas líneas en las palmas de tus manos cuántas sueños en tu despertador cuántas patrias en tu destierro cuántos colores en tu mirar cuánto de mí en ti cuánto de ti en mí
Volver al agua de los nacimientos como un soplo que abraza a la circunferencia Volver a la membrana de todo lo sabido sin la incertidumbre de las adoraciones
Volver al agua de los nacimientos para ser bautizado por otras lágrimas con aquellos nombres que me dijiste en voz baja cuando cada latido dejaba una huella
Volver sin llanto ni ansiedad para lavarme estas manos sucias de memoria Volver desprovisto de astucia al ajetreo de un universo en gentil expansión
impedir a la luna/ revelar los secretos del rocío/para que nadie más sepa/que excepto tu nombre/ todas las palabras/son limosnas/son heridas/son ajenas/son heladas/son terribles/son muy feas/ y me quedan grandes
Alguien se arrojó esta mañana desde el noveno piso Alguien que también tuvo un deseo y una sombra Alguien de pasto y calendario con círculos en rojo Alguien de caligrafía y domingo de madre y abuelita
La brisa arrastra las hojas del periódico de ayer La brisa no sospecha que la tristeza forma coágulos ¿Qué querrán que no veamos? ¿Qué querrán que no sintamos?
¿Tendrán miedo a que un ángel escondido tras la puerta de la panadería de la esquina intente resucitación boca a boca lágrima a lágrima, ala a ala? Me alejo del sitio del suceso pensando que esos muertos son como besos recién dados a unos labios en el viento
Ella se ha puesto muy sensible Pronto le llegará la regla Yo también me siento extraño Pronto me llegará la escuadra Mejor Así la pasamos juntos Es la excusa perfecta para cama, chocolates y sopa de pollo con fideos
Cuántos rostros caben en tu rostro cuántas pieles en tu piel cuántos trenes en tus durmientes cuántos desiertos en tu soledad cuántos barcos en tu mar cuántas verdades en tu espejo cuántas nubes en tu cielo cuántas ventanas en tu amanecer cuántas lunas debajo de tu almohada cuántos rincones en tu rincón cuántas llaves en tu llavero cuántos presagios en las líneas de tus manos cuántos países en tu destierro cuántos mapas en tu territorio cuántas miradas en tu mirada cuántos delirios en tu cordura cuántas horas en tu reloj cuántos días en tu semana cuántas muertes en tu muerte cuántas vidas en tu vida