18 enero, 2010

PARECE QUE OTRA VEZ NOS TOCA


Esta mañana yo quería escribir y publicar algo que ayudara a levantar el ánimo, algo sobre la imperiosa necesidad de recuperar esa imprudente inocencia que hace sólo un breve infinito nos permitió ser ridículamente dichosos y dichosas, en medio de la más absoluta precariedad existencial y material.

¿Se podrá ser más feliz que luchando por algo que se considera más importante que uno mismo?

Esta mañana, cuando se negó a acatar mis órdenes y permaneció amurrado por horas, descubrí que gran parte del universo en el que supongo existir está fundado a partir del índice de la mano derecha, algo así como el “intelectual” del lote, con su oficio de escriba y su prestigio de infatigable explorador.

Mi dedo índice es como una metáfora de mí mismo: adora recorrer abismos y cavidades (y particularmente las cavidades que son abismos); es multifuncional; tiene un carácter de los mil demonios. Además, tal como me sucede en la oficina, hace el noventa y nueve por ciento del trabajo, mientras el vecino alcanza niveles de genialidad en el arte de simular estar sumamente ocupado, sin jamás dejar rastro alguno que delate que en ese escritorio alguien alguna vez hizo algo.



Lo que yo propongo es volver a ser felices, es volver a luchar, es volver a vivir.

Nadie sabe de esto más que nosotros.

 

Parece que otra vez nos toca.

 

¡Qué bueno!

1 comentario:

  1. Mis palabras se refieren al lienzo: NO somos los mismos, aunque el lienzo diga lo contrario.

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